miércoles, 26 de diciembre de 2012

En la cima


No soy esto, ni lo otro.
No soy solo lo que ves, maldita mente valiente.
Mis ideas como ventilador de techo.
Mis paredes pegajosas de veneno.

Reconozco esta batalla día a día.
Voy luchando para no retroceder.
Sumergirse en lo que un día se termina.
No es ahogarse. No es ganar o perder.

Es no estar sola.
El desierto más verde del mundo.
El amor más indestructible.
El dolor de la pasión sin sentido.

Espero no esperar más.
Espero no morir esperando.
Me vuelvo volátil, sensible.
Me transporto a ese lugar especial, odiado y deseado.

Todo lo que conocés, al final desaparece o se vuelve inútil.
Pero caes despacito, te atajás.
Rasguñando lo que queda.
Escarbando tu pasado.

No me voy a quedar viendo lo que no quiero para mí.
Anestesiemos juntos el sufrimiento y que se vaya para no volver.

                         -PPA

sábado, 24 de noviembre de 2012

Mentimos


Sos la carne de la injusticia.
Del mundo retrocediendo.
Del cielo envuelto en infierno.
Separemos la piel.
Olvidemos los intentos.
No es la ausencia lo que enciende.
Es el perfume que me asfixia.
Quebrados en un instante,
olvidamos la reflexión.
Olvidamos los modales.
No aprendimos la lección.
¿Qué hay de aquellas palabras de las que con orgullo nos apropiamos?
Las convertimos en mentiras,
en farsas al fin perdidas.
Desarmaste cada una de las trenzas de mi pelo.
Las oliste, las besaste.
Y caímos en la agonía,
de la invención que no es invención.
Del disfraz que no es disfraz.
Y vimos cosas distintas esa tarde a la distancia.
Pero al fin y al cabo era solo horizonte.
Sin saber dónde empezaba el tuyo.
Sin entender dónde terminaba el mío.
¿No notaste en mi mirada cuan perdida estaba?

-PPA

lunes, 12 de noviembre de 2012

Te pensé en la madrugada


Todavía no consigo dormirme.
Definitivamente encontré el límite.
Justo cuando creí que era lo peor, respiré profundo.
Una ráfaga me devolvió la alegría.
Simplemente tuvimos un mal día.
La energía en mi cabeza se transforma en una explosión.
Me consumiste.
Me desgastaste.
Y te reíste.
Le digo no a las hojas en blanco.
Me veo bien, cambio el semblante.
Tuve mucho, demasiado.
Me dejaste frívola.
Me llené de cristales de colores.
Me volví irrompible.
Encontré una caja vacía.
La llené de ternura y la volví a vaciar.
Quiero arreglarme otra vez.
Fuera de tu arrogancia.
Fuera de tus quimeras.
No es venganza, amor.
Es lo que pasa y va a pasar.
Mis ojos arden, arden cada vez más.
Te sufrí.
Me dejo ir.
Se puso de moda tu cara.
Me hace bien el sol.
Soy la ridícula de la historia.
Soy feliz con tan poco.
Me llevé a otro y te dolió.
Fue interesante.
Pagaste por todo.
Empecemos otra vez para nunca terminar.
Voy a respirar y respirar y respirar.
Fue suficiente para los dos.
Te dejo ir.
Mañana quién sabe.
Necesito dormir.

-PPA

domingo, 21 de octubre de 2012

Algo nuevo


Aún petrificada por la caída.
Nunca me fue tan bien ni tan mal.
Cada latido desarma mi vida.
Cada segundo sin vos es normal.



Todo el tiempo esperando algo distinto.
Creo en el destino y a la vez… no lo sé.
Las agujas no me apuran pero es puro instinto.
Quiero que todo pase ya, antes de que pierda la fe.

Me baño en los suspiros de un desconocido.
Espero escondida el extraño llamado.
Llamado que sólo genera miedos.
Llamado que aguarda para ser colgado.

Y el contestador de tu mirada fue claro.
Y tus bordes se volvieron despiadados.
No me importó el terreno visceral.
Casi fui libre un minuto en ese lugar.

 -PPA

domingo, 30 de septiembre de 2012

A mí


De que seas entrañable no estamos seguros.
Pero no te desanimes, que lo pasajero por algo es pasajero.
Es tan simple como odiar el envase.
Y tan poco coherente como querer que todo pase.

¿Qué es lo que no reconocés en tu reflejo?
Tu piel, tu cara, tu falta de encanto.
Por algo “amor propio” es propio y no ajeno.
Lo tuyo es lo tuyo y no hay nadie que te lo cambie.

Estas fuera del prototipo perfecto.
Del ejemplo ideal, del paradigma correcto.
Y no hay nada que me aburra más que tu linealidad.
Tu terror desenfrenado de aceptar tu agraciada realidad.

No hay salidas menos tristes o con más estilo.
Son salidas, y por algo lo son.
Son momentos de increíble adrenalina.
Lapsos de locura, derroche y compasión.

Soportemos los oscuros.
Son relámpagos, se nos pasa.
Y vos sabés que al final del día.
Se nos va la angustia si alguien nos abraza.




                                                                PPA

sábado, 25 de agosto de 2012

Otra perspectiva


Odio los días soleados.
Son días pobres, donde la excesiva luz hace que todo lo real desaparezca, y todos los defectos se vuelvan mentira.
Donde el amor parece mejor pero es igual de tonto.
Las personas se ven felices juntas pero mueren de soledad por dentro.
¿Puede el dolor anestesiarse con un simple cielo azul?
El sol no ofrece desafíos.
La luz engaña más que la oscuridad.
Solo sirve para que los felices muestren su satisfacción y los tristes disimulen su envidia.
Sin las nubes todo parece un patético sueño de cuento de hadas.
La luz miente.
La lluvia alivia.
Desafía a la realidad, la muestra y la enfrenta.
Las personas entienden la imperfección, el dolor.
No hay forma de encubrir los problemas como bajo el brutal resplandor del sol.
En la lluvia se presenta la cruda verdad.
La indiscutible libertad.

viernes, 29 de junio de 2012

Ser y no estar


Me repito que el amor mueve montañas, pero, ¿para qué moverlas si están bien donde están?
Somos la paz de los acolchados del mediodía.
Formamos parte del licuado más puro de rechazo y compasión.
Los dos igualmente imperfectos, inelegibles.
Si me ves inalcanzable es porque no subiste lo que yo bajé. No conocés.
Hoy: indestructibles. Mañana: vapor.
Fue la densidad del aire que nos desencontró. Fueron tus límites y los míos.
Somos la brutalidad de los diamantes. Brillamos de ausencia y de resignación.
Las sábanas de la siesta, las sogas de esa noche de angustia.
Miro y memorizo los límites que nunca voy a cruzar. Los aprendo para decirle al mundo que sí los atravesé.
Seamos incorrectos.
Seamos borrachos.
Seamos locos.
¿Qué importa el color del cielo si la lluvia nos hace inmortales? No hagas locuras, me dije, aprendé a querer lo que sos y lo que hacés.
El esmalte sirve de acuarelas en una noche desesperada. Y prefiero golpear la pared. No más sangre. Al menos por hoy.

-PPA

lunes, 11 de junio de 2012

Así de raro


Estoy al borde de los celos que existen y los inexistentes.
Al filo mismo de la locura que no puedo conquistar.
Y ya no entiendo lo que se nos pasa por la cabeza.
No entiendo nada pero no quiero que vuelva a pasar.

Siento que reflejas mi luz a la máxima potencia.
Siento que me volvés ridícula a más no poder.
Creo firmemente que somos muy diferentes.
También creo que no hay mucho que me quede por perder.

Porque un día soy la más desentendida.
Porque al otro todo lo que hago es especular.
Mientras escribo estas frases como despedida.
Mientras lo hago todo lo que siento vuelve a empezar.

Y tus palabras nunca concuerdan con tus acciones.
Y mis acciones nunca coinciden con lo que siento.
Por eso no nos entendemos. Puedo ser fuerte.
Basta. Basta. Basta. Si no te digo nada, no miento.

                                              -PPA


viernes, 1 de junio de 2012

Ebrios


Se me congelan las manos. Transpiro vergüenza. Escucho el gotear de la canilla. Monótono, seco, triste. Éstas cuatro paredes me ahogan, no lo puedo superar. Por un par de semanas ni entrar pude. Renunciaste en este maldito baño. Y me angustio tan solo de ver lo que dejaste ahí. Lo único de vos que aún me pertenece. Ahí quedo y no me animo a moverla, a tirarla, a guardarla, a tocarla… Así me mira con sus hojas oxidadas, tu nociva máquina de afeitar.
Primero pensé en usar el baño de abajo, todo para evitar entrar ahí, donde ese pedazo de plástico me corta el aliento, me sofoca, me anuda los pulmones, me nubla la vista. Me mira y me acusa. Es una locura. Lo único que pude hacer fue tirarle una toalla encima, como cuando tapo los cadáveres de cucarachas  que no me animo a levantar. Quise pensar que no estaba ahí, que no estabas ahí.
Cada vez siento menos mis dedos, ya no transpiro. Mis ojos se llenan de lágrimas. Inhalo, aún siento tu perfume. Exhalo, no me alivia. Y al fin comprendo: extraño cómo nos veíamos juntos. Extraño tu manía de dejar la canilla abierta. Extraño tu pelo enmarañado. Extraño tus chistes. Extraño tu voz. Extraño el ruido de tus llaves en la puerta. Extraño tu ebriedad, mi ebriedad, nuestra ebriedad. Extraño tu libertad. Extraño tus celos. Extraño tus ojos tristes. Extraño cómo te afeitabas mientras te preparaba un Fernet. ¿Por qué renunciamos?

-PPA

sábado, 28 de abril de 2012

Otro cuerpo


Un par de huesos miran desabridos sobre la mesa.
Un par de gotas van desafiando a la humedad.
Jamás pensé en reaccionar así por sentirme presa.
Mi cielo huele a vino tinto, a lamento y a crueldad.

Hoy vivo el clímax de mis recuerdos que en vos florecen.
Hoy pienso en verde, en rojo, amarillo, negro y marrón.
Hoy vuelo bajo creyendo que así las cosas desaparecen.
Quizás mañana respire sola junto a tu cajón.

Ya son mil tardes que duerme mi conciencia sobre la almohada.
Y muchas noches que en ojos secos lento me morí.
Nunca me olvido de aquel otoño perdido en llanto.
En ese otoño que tristemente abusó de mí.

No hay culpa alguna que sienta ahora por lo que hice.
Me encuentro sola en la cumbre misma de mi verdad.
Iluminada por una lupa gigante y sobria,
que aumenta siempre mi voz, mi aliento y mi claridad.

                                                    -PPA

domingo, 8 de abril de 2012

Arrebatada


Siento el viento en mi cara. Pelo y humedad se enredan en mi cuello. La sangre se acumula en mi cabeza. Voy a estallar. Sólo veo líneas grises, desdibujadas, veloces, que se pierden detrás de mí. Los vidrios espejados de los edificios dibujan manchas luminosas en mi piel. Es un día soleado, radiante, perfecto. Azul. Celeste. Parece casi sacado de contexto. Siento el olor a nafta quemada de los autos, que cada vez se acentúa más y se mezcla con el olor a frito del restaurante  de comida china de la otra cuadra.
La decisión está tomada. Ya no hay vuelta atrás. Me siento tan viva. Al fin fui impulsiva. Al fin me jugué por algo. Era hora. Siento el mundo a mis pies. Mis pies con las uñas gastadas que se pierden en el aire. Ya no hay dudas: dejé que el amor se metiera en mi cuerpo. Me siento poderosa. Intenté todo. Hice lo imposible para que no entraras en mí, para que no te apoderaras de mi mente, de mi razón. Pero lo hiciste.
¿Me vas a atrapar?  ¿Vas a estar ahí abajo esperándome, ansioso porque aterrice románticamente en tus brazos? Ojala hayas viso a través de mis muros. Esos mismos muros que quizá se lleven mi vida y no me la devuelvan nunca más.
Atrapaste mi alma, y con un solo abrazo sentí que flotaba. Que me despegaba de la tierra. Emergía. Pero ya no floto. Estoy cayendo a pique, cada vez más cerca del cálido pavimento. Puedo estallar en mil pedazos. Puedo meterme en tu cuerpo para siempre. Nunca encontré una razón justa para que me ames, y creo que es más fácil que me dejes caer.
No veo imágenes fugaces de mi vida. No es como dicen las películas. Ahora me siento sola. No veo nada. No veo absolutamente nada. Dudo. Me angustio. Las lágrimas se asoman otra vez. ¡Esto es tan difícil! Tal vez me equivoqué. Me precipité. No, esto no es lo correcto. ¿Qué hice? No te veo abajo. No estás. Seguro no estás. ¿Qué estaba pensando? Dios mío. Ya no hay tiempo. Se me fue de las manos.
Veo gente mirándome. ¿Estarás ahí? Te extraño. Te extraño como siempre. Como nunca. Grito: “¿Estás ahí?”. Suena desgarradoramente inútil. No escucho nada. Los oídos detonan en mi cabeza. Y lloro. No paro de llorar.
Ya está. No siento nada. Ya no se si me atrapaste. No se si me dejaste caer. No se nada. Puedo estallar en mil pedazos. Que imbécil fui. Te extraño.

-PPA

viernes, 30 de marzo de 2012

Nunca fui al psicólogo


Recuerdo haber sentido pena de mi misma.
Recuerdo haberme odiado. Un odio profundo y siniestro.
Recuerdo haberme sentido inferior. Una, dos, tres veces. Muchas veces. Demasiadas.
Recuerdo haber abrigado el terror en mí. Sentir el mundo en contra. Sentir que lo merecía. Pánico. Vergüenza.
Recuerdo haber llorado semanas enteras. Sentir mis ojos estallar. Aún lo siento.
Recuerdo haber dejado de comer.  De hablar. De creer.
Recuerdo haber pensado en hacer las cosas más horribles. Más denigrantes.
Recuerdo haber sentido que mi alma desaparecía. Ahogarme. Lastimarme.
Recuerdo haber convivido con fantasmas. Fantasmas vengadores de lo bello y lo perfecto. Dispuestos a bloquear mi voz, mi mirada, mis sueños adolescentes, mi vida.
Recuerdo haberme sentido la persona más fea del mundo. Nunca única. Jamás especial.
Recuerdo haber amado en soledad.
Recuerdo haber querido que me elijan. No ser la segunda opción. De nada. De nadie.
Recuerdo haber golpeado mi cara una y otra vez. Recuerdo el dolor.
Recuerdo haber querido ser otra.

¿Por qué me hice esto a mi misma? ¿Por qué dejé que pasara?
El deseo de una venganza es ineludible. Atestada de resentimiento. Sedienta de paz interior. No es sangre. No es dolor. Va más allá de eso. Es más profundo, menos visceral.
No sabían lo que hacían. No sabían el valor de cada palabra que metieron en mi cabeza. Tal vez es injusto. Pero si no fueron justos conmigo, ¿por qué ser justa con ellos?

Recuerdo estar viva. Recuerdo amar. Recuerdo reír. Recuerdo soñar. 

-PPA

viernes, 23 de marzo de 2012

Casi

Dicen que el `casi´ es más doloroso que el `quizá´. Aunque ese `quizá´ lastime más que la certeza. Es la historia que así empezó y parece que seguirá siempre. Repetida una y otra vez. El amor y el desamor de un solo lado.

Y otra vez fuiste mi casi enamorado. Un sueño casi feliz. Es que los `casi´ son mi vida, siempre inconclusa, y es por eso que te perdí.

Todo el tiempo en mi cabeza. Odio y rencor. Pero fuiste mi casi enamorado. Un mal sueño. Un romance fallido. Y me quedé sin esperanza. Me encerré más y más en mí.

Fuimos casi enamorados. Bailamos al ritmo del desencuentro. Y si te veo triste no me importa. Y si te veo feliz me duele a mí. Fue un amor casi egoísta. Y eso es todo lo que te di.

Me quedé sin corazón. Sin el mío. Sin el de los dos. Fuimos casi enamorados, pero nunca dijimos adiós.

-PPA

martes, 28 de febrero de 2012

Un destino predecible

Tres vueltas con la mano derecha. Sólo tres, en el sentido de las agujas del reloj. Un chocolate para quitarse el sabor amargo.

-“Vení conmigo arriba, traé la taza”, dijo la mujer.

Viviana no usa disfraz. No es la clase de bruja que puede imaginarse cualquiera. Su jean desgastado y su sweater rosa distan de la túnica y el turbante, estereotipos de una bruja salida de las pantallas de cine hollywoodense.

Es un viernes lluvioso, 4 PM. Viviana se encuentra como todas las tardes, en su mesa predilecta, la que utiliza siempre colocándole velas, en el Café Orient Express. Lleva allí más de 10 años. Es un lugar antiguo, pero con estilo moderno. Mesas de roble, paredes de ladrillo a la vista, decoradas con platitos de gatitos de colección. Poca gente, poco ruido. El silencio es casi permanente. El penetrante olor a café se impregna en las cortinas del segundo piso, al que se accede por una escalera de caracol de madera que cruje por añeja. Allí se encuentra ella, una mujer de alrededor de 50 años, con mirada penetrante, pero cálida a la vez. Cabello largo, rubio. Cejas pronunciadas. No hay verruga en su nariz, pero sí una gran mancha rosada que ocupa gran parte de su mejilla derecha y que capta la atención de sus clientes.

Viviana es una bruja muy solicitada, por lo que es indispensable sacar turno con al menos dos días de anticipación. Es tal vez su simpatía la que atrae a tantos clientes, o es tal vez lo acertado de sus predicciones. Amor, dinero y salud son las mayores preocupaciones de las personas que se acercan a consultarla.

Una casa. Un cuadro. Una pareja. Una víbora. Un barco. Un punto. Es a partir de los dibujos que Viviana comienza a conocer el perfil psicológico de los consultantes. Probablemente utilice el conocimiento adquirido en su paso por la Facultad de Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Sea cierto o no, las deducciones que saca respecto de los dibujos no están tan lejos de la realidad.

Sus ojos marrones se clavan en la taza. Así comienza la difícil tarea de leer la borra del café. La da vuelta, la gira, la vuelve a acomodar.

-“Ah si si si, acá se ve claramente. Te va a llegar el amor antes de fin de año. Su nombre o su apellido empieza con A, ¿lo ves?”.

Luego se acomoda su largo cabello, vuelve a girar la taza, frunce el seño y agrega:

- “No te enamoraste nunca, ¿no? Ya va a llegar… y no te falta mucho”.

El arte de leer la borra del café se basa en la interpretación de las imágenes que se van formando con la borra de café en las paredes del pocillo de donde fue bebido. Es una metodología de clarividencia milenaria que comenzó a practicarse en el Medio Oriente, especialmente en Turquía y Siria. Llegó a América en el Siglo XX con la inmigración de personas de esos países.

El encuentro prosigue:

- “Mezclá. Podés hacerle tres preguntas a las cartas”, indica Viviana.

Las divide en tres mazos, y la lectura comienza. La mujer traduce lo que dicen las cartas, lo transforma en consejos para el consultante. Da algunas respuestas vagas, nada concreto.

El trabajo no termina ahí. La astuta bruja deja abierta la posibilidad de una consulta privada, en su casa de San Fernando, una sesión más extensa para profundizar en sus predicciones. De esa manera podrá lucrar de forma independiente. La consultante se retira con un sabor amargo, como el del café.

***

Domingo soleado. Calor típico de primavera. Una plaza abarrotada de gente. La humedad se siente en el aire. Se respira una mezcla de distintos aromas, los más predominantes: incienso y marihuana. Hay venta de todo tipo de artículos de producción manual, pero un sendero se destaca entre los numerosos puestos de artesanías.

Decenas de personas forman una fila al rayo del sol, esperan encontrarse con el mítico Don Omar Damar, toda una leyenda en Plaza Francia. Hace más de 15 años que está aquí, ofreciendo sus servicios todos los fines de semana. Es el tarotista que más gente convoca, famoso por sus aciertos, a pesar de estar rodeado de tantos otros colegas que intentan acaparar la atención de la multitud que se acerca.

-“¡Que pase el que sigue!”, exclamó con las cartas en la mano.

Es un hombre de unos 65 años, piel trigueña, lleva un sombrero y porta una barba blanca que refleja su larga experiencia. Hace más de 25 años que interpreta el Tarot Egipcio. También se dedica a la numerología y la lectura de arena. Es Iniciado en la Religión Egipcia, por lo cual está avalado para interpretar la lectura del Libro de Thot, hoy llamado Tarot.

Sobre una mesa de plástico, cubierta con una tela a modo de mantel que se extiende hasta el piso, estampada con figuras egipcias como el ojo de Horus, Omar Damar despliega sus cartas. Junto a las cartas tiene una serie de piedras de colores que se utilizan, por ejemplo, para ahuyentar malas energías y atraer las buenas. Las piedras no las utiliza en un momento en particular de la sesión, sino que forman parte del ambiente que busca generar.

El viejo Omar soluciona problemas de pareja, trabajo, amor, comercio, etc. Mediante la religión egipcia promete solucionar problemas existenciales, indagar en el karma, en el mundo interior, y transformar las trabas en caminos espirituales ascendentes.

-“Mezclá las cartas en el sentido de las agujas del reloj. Ahora cortá”, ordena Don Omar a cada cliente que se sienta a su mesa.

Para sorpresa de los incrédulos, el experimentado tarotista, demuestra su habilidad describiendo situaciones de la vida de los consultantes sin hacer pregunta alguna.

- “Vos tenés un hermano artista, ¿no? Es el más feliz de tu familia, porque hace lo que le gusta”, acertó.

La consultante quedó estupefacta por los dichos del hombre, pues cada una de sus palabras describe exactamente su vida y su familia. Cada palabra coincide con su realidad actual.

-“Tenés una muy buena relación con tu padre. No así con tu madre”, prosiguió.

La clienta no emite palabra alguna. Es como si con el sólo hecho de leer las cartas supiera toda su vida con lujo de detalles.

Y también hay lugar para las predicciones:

- “Estás al borde de un pico de stress. Tenés que reducir las horas de estudio. No te vas a recibir a fin de año como planeas, pero en marzo vas a renacer”, le pronosticó a una clienta.

Alrededor de Omar no cesa el asombro. Y no por concretar sus predicciones, sino por la firmeza de sus palabras, la seguridad de cada uno de los términos que utiliza para describir el futuro de la joven.

Para finalizar la sesión, el tarotista ofrece sus servicios a domicilio, intentando conseguir un cliente más estable, e invita a realizarse una carta natal egipcia. Lejos de parecer poco moderno, y a pesar de su edad, reparte tarjetas publicitando su página web. Finalmente, la mano de Omar se eleva y despide con un cálido saludo a su clienta.

Poco se sabe de cuan acertados son estos futurólogos pero, a veces, el poder de la sugestión es más fuerte que la realidad y termina concluyendo en una profecía auto-cumplida: tarde o temprano sucede.

Autores: F Guglielmino - M Haramburu - P Perez Adomaitis