martes, 28 de febrero de 2012

Un destino predecible

Tres vueltas con la mano derecha. Sólo tres, en el sentido de las agujas del reloj. Un chocolate para quitarse el sabor amargo.

-“Vení conmigo arriba, traé la taza”, dijo la mujer.

Viviana no usa disfraz. No es la clase de bruja que puede imaginarse cualquiera. Su jean desgastado y su sweater rosa distan de la túnica y el turbante, estereotipos de una bruja salida de las pantallas de cine hollywoodense.

Es un viernes lluvioso, 4 PM. Viviana se encuentra como todas las tardes, en su mesa predilecta, la que utiliza siempre colocándole velas, en el Café Orient Express. Lleva allí más de 10 años. Es un lugar antiguo, pero con estilo moderno. Mesas de roble, paredes de ladrillo a la vista, decoradas con platitos de gatitos de colección. Poca gente, poco ruido. El silencio es casi permanente. El penetrante olor a café se impregna en las cortinas del segundo piso, al que se accede por una escalera de caracol de madera que cruje por añeja. Allí se encuentra ella, una mujer de alrededor de 50 años, con mirada penetrante, pero cálida a la vez. Cabello largo, rubio. Cejas pronunciadas. No hay verruga en su nariz, pero sí una gran mancha rosada que ocupa gran parte de su mejilla derecha y que capta la atención de sus clientes.

Viviana es una bruja muy solicitada, por lo que es indispensable sacar turno con al menos dos días de anticipación. Es tal vez su simpatía la que atrae a tantos clientes, o es tal vez lo acertado de sus predicciones. Amor, dinero y salud son las mayores preocupaciones de las personas que se acercan a consultarla.

Una casa. Un cuadro. Una pareja. Una víbora. Un barco. Un punto. Es a partir de los dibujos que Viviana comienza a conocer el perfil psicológico de los consultantes. Probablemente utilice el conocimiento adquirido en su paso por la Facultad de Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Sea cierto o no, las deducciones que saca respecto de los dibujos no están tan lejos de la realidad.

Sus ojos marrones se clavan en la taza. Así comienza la difícil tarea de leer la borra del café. La da vuelta, la gira, la vuelve a acomodar.

-“Ah si si si, acá se ve claramente. Te va a llegar el amor antes de fin de año. Su nombre o su apellido empieza con A, ¿lo ves?”.

Luego se acomoda su largo cabello, vuelve a girar la taza, frunce el seño y agrega:

- “No te enamoraste nunca, ¿no? Ya va a llegar… y no te falta mucho”.

El arte de leer la borra del café se basa en la interpretación de las imágenes que se van formando con la borra de café en las paredes del pocillo de donde fue bebido. Es una metodología de clarividencia milenaria que comenzó a practicarse en el Medio Oriente, especialmente en Turquía y Siria. Llegó a América en el Siglo XX con la inmigración de personas de esos países.

El encuentro prosigue:

- “Mezclá. Podés hacerle tres preguntas a las cartas”, indica Viviana.

Las divide en tres mazos, y la lectura comienza. La mujer traduce lo que dicen las cartas, lo transforma en consejos para el consultante. Da algunas respuestas vagas, nada concreto.

El trabajo no termina ahí. La astuta bruja deja abierta la posibilidad de una consulta privada, en su casa de San Fernando, una sesión más extensa para profundizar en sus predicciones. De esa manera podrá lucrar de forma independiente. La consultante se retira con un sabor amargo, como el del café.

***

Domingo soleado. Calor típico de primavera. Una plaza abarrotada de gente. La humedad se siente en el aire. Se respira una mezcla de distintos aromas, los más predominantes: incienso y marihuana. Hay venta de todo tipo de artículos de producción manual, pero un sendero se destaca entre los numerosos puestos de artesanías.

Decenas de personas forman una fila al rayo del sol, esperan encontrarse con el mítico Don Omar Damar, toda una leyenda en Plaza Francia. Hace más de 15 años que está aquí, ofreciendo sus servicios todos los fines de semana. Es el tarotista que más gente convoca, famoso por sus aciertos, a pesar de estar rodeado de tantos otros colegas que intentan acaparar la atención de la multitud que se acerca.

-“¡Que pase el que sigue!”, exclamó con las cartas en la mano.

Es un hombre de unos 65 años, piel trigueña, lleva un sombrero y porta una barba blanca que refleja su larga experiencia. Hace más de 25 años que interpreta el Tarot Egipcio. También se dedica a la numerología y la lectura de arena. Es Iniciado en la Religión Egipcia, por lo cual está avalado para interpretar la lectura del Libro de Thot, hoy llamado Tarot.

Sobre una mesa de plástico, cubierta con una tela a modo de mantel que se extiende hasta el piso, estampada con figuras egipcias como el ojo de Horus, Omar Damar despliega sus cartas. Junto a las cartas tiene una serie de piedras de colores que se utilizan, por ejemplo, para ahuyentar malas energías y atraer las buenas. Las piedras no las utiliza en un momento en particular de la sesión, sino que forman parte del ambiente que busca generar.

El viejo Omar soluciona problemas de pareja, trabajo, amor, comercio, etc. Mediante la religión egipcia promete solucionar problemas existenciales, indagar en el karma, en el mundo interior, y transformar las trabas en caminos espirituales ascendentes.

-“Mezclá las cartas en el sentido de las agujas del reloj. Ahora cortá”, ordena Don Omar a cada cliente que se sienta a su mesa.

Para sorpresa de los incrédulos, el experimentado tarotista, demuestra su habilidad describiendo situaciones de la vida de los consultantes sin hacer pregunta alguna.

- “Vos tenés un hermano artista, ¿no? Es el más feliz de tu familia, porque hace lo que le gusta”, acertó.

La consultante quedó estupefacta por los dichos del hombre, pues cada una de sus palabras describe exactamente su vida y su familia. Cada palabra coincide con su realidad actual.

-“Tenés una muy buena relación con tu padre. No así con tu madre”, prosiguió.

La clienta no emite palabra alguna. Es como si con el sólo hecho de leer las cartas supiera toda su vida con lujo de detalles.

Y también hay lugar para las predicciones:

- “Estás al borde de un pico de stress. Tenés que reducir las horas de estudio. No te vas a recibir a fin de año como planeas, pero en marzo vas a renacer”, le pronosticó a una clienta.

Alrededor de Omar no cesa el asombro. Y no por concretar sus predicciones, sino por la firmeza de sus palabras, la seguridad de cada uno de los términos que utiliza para describir el futuro de la joven.

Para finalizar la sesión, el tarotista ofrece sus servicios a domicilio, intentando conseguir un cliente más estable, e invita a realizarse una carta natal egipcia. Lejos de parecer poco moderno, y a pesar de su edad, reparte tarjetas publicitando su página web. Finalmente, la mano de Omar se eleva y despide con un cálido saludo a su clienta.

Poco se sabe de cuan acertados son estos futurólogos pero, a veces, el poder de la sugestión es más fuerte que la realidad y termina concluyendo en una profecía auto-cumplida: tarde o temprano sucede.

Autores: F Guglielmino - M Haramburu - P Perez Adomaitis