domingo, 23 de octubre de 2016

26

26.
Las veces que usaron “rara” para hablar de mí.  Me ofendí las primeras 6.
Todavía paso la mitad de mis respiraciones ensimismada.
No quiero estar ausente.
Cada día estoy más cerca de mí a los 8.
Aprendí a usar y sentir la palabra “resiliencia”.
1 vez me corté el pelo por despecho.
Me enamoré de mi fragilidad.
Fénix. Mariposa. Cambio de piel.
Ya no siento el “sos demasiado sensible”.  Ahora escucho el “tu sensibilidad es hermosa”.
Aún escondo cosas, como cuando metía abajo de mi guardapolvo cualquier cosa para llevar al jardín.
Entendí que no soy igual a nadie. A NADIE.
Pueden haberme prestado los ojos, pero no la mirada. La boca se parece a otra, pero las palabras son todas todas mías.
Siento que recién me conozco.
Elijo el camino difícil.
Me merezco.
Me di cuenta de que mi corazón no se rompe más fuerte que otros, simplemente yo lo escucho con más fuerza.
Somos luz y oscuridad. Todos y cada uno de nosotros. Y oscuridad no es maldad.
Me animé. Muchas veces me animé.
Quise, me quisieron, no quise y no me quisieron. A veces quise sin querer, como ahora. Otras lastimé sin querer, por no querer a quien me quería.
Soy. Soy y me transformo para ser.
Hace mucho escribí: “No soy ni un cuarto de las curvas que tu alma busca”. Lo escribí por miedo a enfrentar las 26 millones de curvas que tiene la mía. Son cada día más hermosas.
Un millón de curvas por año,

y recién son 26.

-ppa